Era poco
probable que la tarde cambiase así que según llegó de trabajar se despojó de la
ropa, se puso unas zapatillas cómodas y un traje vaporoso, se hizo una coleta
alta y se dispuso a preparar la cena.
Abrió la
nevera y se percató de que no tenía prácticamente nada. Otro día más que
comería una ensalada y algo de fruta. Le venía bien, así podría bajar algún que
otro kilo. De pronto recordó que había comprado frutos secos y helado. El solo
pensamiento de ponerse relajada frente al televisor mientras cenaba hizo que un
escalofrío recorriese su cuerpo y comenzara a salivar como su perro.
Pero
necesitaba desconectar de verdad, vagar por otros mundos, soñar despierta aunque
con un pie atado al la realidad, olvidar lo sola que se encontraba, así que
cogió la última novela romántica que había comprado en el quiosco de la
esquina, acomodó las almohadas de su cama y empezó a leer: “ Torey movió las
pestañas, lo miró e hizo todo lo posible porque su voz sonara seductora. Marsh
se acercó y la besó con pasión, y cuando levantó la cabeza, ella casi se
derretía”.
Justo cuando
comenzaba el encadenamiento de suspiros un beep sonó. Miró la pantalla de su
portátil y la pequeña ventana del chat se había abierto. Volvió al libro pero a
los pocos minutos otro beep más la volvió a sacar de su ensimismamiento.
Curiosa abrió la conversación y lo reconoció. Era Steven. Se habían conocido
por el facebook en una típica tarde de aburrimiento mutuo. Tenía 20 años menos
que ella pero era un encanto, agradable, amable y muy buen conversador. Se
habían puesto al corriente de sus vidas, sus miedos, sus añoranzas… Casualmente
eran vecinos pero, por motivos de estudio, él se encontraba haciendo un master
en Italia.
–¿Estás? –Había escrito Steven.
–¡Hola vecino! ¿Cómo te va con
las italianas? –preguntó Victoria con una gran sonrisa en su cara.
–Ya sabes que no son tan
guapas como tú –contestó pícaro.
–Bueno, gracias por el
cumplido pero ya te he dicho que deberías buscar una chica que te haga compañía
y no perder el tiempo por aquí. La vida pasa rápido y cuando te vienes a dar
cuenta, estás solo– contestó lánguidamente.
–Sé que te parecerá una
tontería, pero me gusta hablar contigo y saber que estás al otro lado. Tenemos
que conocernos cuando regrese en vacaciones. He visto las fotos que has subido
a tu muro y estás impresionante –Añade
divertido.
–¡Mira que eres zalamero!
–Últimamente he estado
pensando en ti. Pareces cariñosa y aquí los días se me hacen largos y las
noches eternas. Si por mi fuera, estaría a tu lado acariciándote suavemente.
Hace mucho frío y necesito entrar en calor –dice apasionado.
Se hizo un instante de
silencio al otro lado. Victoria no sabía como salir de aquel atolladero aunque
le halagaba saber que pese a su edad aún seguía gustando. Contestó con el
típico emoticono de carita sonriente y esperó. La respuesta fue inmediata.
–Me encantaría describirte
como recorrería tu cuerpo con mis manos, con mi boca… te colocaría de frente en
un espejo para que vieses lo que me apasionas y te haría mía una y otra vez, te
llenaría de mi…
Victoria casi no podía
respirar. Sentía como su aletargado cuerpo vibraba de nuevo. Otra carita con la
lengua fuera fue lo único que acertó a teclear.
–Luego te haría rodar tendida
de espaldas y me arrodillaría entre tus muslos…
La conversación continúo
insinuante y altamente erótica. Se estremecían una y otra vez pese al calor
reinante. Ella no había renunciado a su decisión de comenzar de nuevo pero
comenzaba a encontrarse tensa.
Casi a punto de llegar al clímax
total pero sintiéndose desnuda y
vulnerable se atrevió a despedirse de aquel imposible. Tenía que ser realista.
Aquel muchacho podría ser perfectamente su hijo y allí se encontraba ella,
tonteando como una adolescente con las hormonas alteradas con alguien al que no
conocía y por Internet. Hacía un año hubiese pensado que quien fuera capaz de
hacer eso o estaba loco o era un enfermo, pero la vida se podía ver desde
varios prismas y comenzaba a percatarse de todo lo que se había perdido.
– Bueno Steven, yo… tengo que
desconectarme ya, empiezo a ponerme muy nerviosa –Y lo acompaña de otra carita
sorprendida.
– ¿Ahora? – Añadiendo un
emoticono triste– En unas semanas regresaré a Londres y me gustaría llevarte a
un sitio muy especial. Tiene unas vistas increíbles, como tú.
–¡Jajaja! De acuerdo, pero lo
dejaremos al azar. Somos vecinos y si la casualidad hace que nos encontremos,
iremos a ese lugar a ver la puesta de sol.
–Perfecto, pasaré a diario por
delante de tu casa las veces necesarias para que el destino me ponga en tu
camino. Piensa en mi y descansa. Yo iré a darme una ducha fría.


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