lunes, 23 de julio de 2012

¡VAYA CON EL ESPAGUETI WESTERN!

Era poco probable que la tarde cambiase así que según llegó de trabajar se despojó de la ropa, se puso unas zapatillas cómodas y un traje vaporoso, se hizo una coleta alta y se dispuso a preparar la cena.
Abrió la nevera y se percató de que no tenía prácticamente nada. Otro día más que comería una ensalada y algo de fruta. Le venía bien, así podría bajar algún que otro kilo. De pronto recordó que había comprado frutos secos y helado. El solo pensamiento de ponerse relajada frente al televisor mientras cenaba hizo que un escalofrío recorriese su cuerpo y comenzara a salivar como su perro.
Pero necesitaba desconectar de verdad, vagar por otros mundos, soñar despierta aunque con un pie atado al la realidad, olvidar lo sola que se encontraba, así que cogió la última novela romántica que había comprado en el quiosco de la esquina, acomodó las almohadas de su cama y empezó a leer: “ Torey movió las pestañas, lo miró e hizo todo lo posible porque su voz sonara seductora. Marsh se acercó y la besó con pasión, y cuando levantó la cabeza, ella casi se derretía”.
Justo cuando comenzaba el encadenamiento de suspiros un beep sonó. Miró la pantalla de su portátil y la pequeña ventana del chat se había abierto. Volvió al libro pero a los pocos minutos otro beep más la volvió a sacar de su ensimismamiento. Curiosa abrió la conversación y lo reconoció. Era Steven. Se habían conocido por el facebook en una típica tarde de aburrimiento mutuo. Tenía 20 años menos que ella pero era un encanto, agradable, amable y muy buen conversador. Se habían puesto al corriente de sus vidas, sus miedos, sus añoranzas… Casualmente eran vecinos pero, por motivos de estudio, él se encontraba haciendo un master en Italia.
–¿Estás?  –Había escrito Steven.
–¡Hola vecino! ¿Cómo te va con las italianas? –preguntó Victoria con una gran sonrisa en su cara.
–Ya sabes que no son tan guapas como tú –contestó pícaro.
–Bueno, gracias por el cumplido pero ya te he dicho que deberías buscar una chica que te haga compañía y no perder el tiempo por aquí. La vida pasa rápido y cuando te vienes a dar cuenta, estás solo– contestó lánguidamente.
–Sé que te parecerá una tontería, pero me gusta hablar contigo y saber que estás al otro lado. Tenemos que conocernos cuando regrese en vacaciones. He visto las fotos que has subido a tu muro y estás impresionante  –Añade divertido.
–¡Mira que eres zalamero!
–Últimamente he estado pensando en ti. Pareces cariñosa y aquí los días se me hacen largos y las noches eternas. Si por mi fuera, estaría a tu lado acariciándote suavemente. Hace mucho frío y necesito entrar en calor –dice apasionado.
Se hizo un instante de silencio al otro lado. Victoria no sabía como salir de aquel atolladero aunque le halagaba saber que pese a su edad aún seguía gustando. Contestó con el típico emoticono de carita sonriente y esperó. La respuesta fue inmediata. 
–Me encantaría describirte como recorrería tu cuerpo con mis manos, con mi boca… te colocaría de frente en un espejo para que vieses lo que me apasionas y te haría mía una y otra vez, te llenaría de mi…
Victoria casi no podía respirar. Sentía como su aletargado cuerpo vibraba de nuevo. Otra carita con la lengua fuera fue lo único que acertó a teclear.
–Luego te haría rodar tendida de espaldas y me arrodillaría entre tus muslos…
La conversación continúo insinuante y altamente erótica. Se estremecían una y otra vez pese al calor reinante. Ella no había renunciado a su decisión de comenzar de nuevo pero comenzaba a encontrarse tensa.
Casi a punto de llegar al clímax total pero sintiéndose  desnuda y vulnerable se atrevió a despedirse de aquel imposible. Tenía que ser realista. Aquel muchacho podría ser perfectamente su hijo y allí se encontraba ella, tonteando como una adolescente con las hormonas alteradas con alguien al que no conocía y por Internet. Hacía un año hubiese pensado que quien fuera capaz de hacer eso o estaba loco o era un enfermo, pero la vida se podía ver desde varios prismas y comenzaba a percatarse de todo lo que se había perdido.
– Bueno Steven, yo… tengo que desconectarme ya, empiezo a ponerme muy nerviosa –Y lo acompaña de otra carita sorprendida.
– ¿Ahora? – Añadiendo un emoticono triste– En unas semanas regresaré a Londres y me gustaría llevarte a un sitio muy especial. Tiene unas vistas increíbles, como tú.
–¡Jajaja! De acuerdo, pero lo dejaremos al azar. Somos vecinos y si la casualidad hace que nos encontremos, iremos a ese lugar a ver la puesta de sol.
–Perfecto, pasaré a diario por delante de tu casa las veces necesarias para que el destino me ponga en tu camino. Piensa en mi y descansa. Yo iré a darme una ducha fría.
–Buenas noches, Steven. Gracias por hacerme vibrar de nuevo.


HOY, COMO CADA DÍA, LUCE EL SOL EN MI INTERIOR Y UNA SONRISA EN MI CARA.


No hay comentarios:

Publicar un comentario