No existían las mañanas
en el borrador de mis días.
No lucía la aurora
en mi cansino despertar.
Tardes de sábanas y lagrimas
amarrada a tus palabras,
gritando tu nombre
entre recuerdos borrados.
Noches sin piel caliente,
soñándote a mi lado
desnuda y vulnerable,
añorando el roce de tu cuerpo.
Hoy solo eres el olvido
de aquel que no quiso ser
y mañana me trocaré
en la que nunca pudo existir.


No hay comentarios:
Publicar un comentario