No había sonado la alarma pero se
despertó precipitadamente. El sudor recorría su cuerpo y las pulsaciones
estaban aceleradas. No recordaba lo que había soñado pero la embargaba una
sensación de desasosiego poco usual en ella.
Sentada aún en el borde de la cama cogió
el móvil y miró la hora. Las 9’05 de la mañana. Lucía un sol esplendido y se
oía en trino de los pájaros en su jardín.
Según puso un pie en el suelo, su perro
comenzó a ladrarle. En ese preciso instante recordó que lo extraño era que no
la hubiese despertado su novio.
No vivían juntos y cada mañana la llamaba
para decirle que ya había llegado a la oficina. Se saludaban, se daban los
buenos días y siempre se despedían con un “hasta luego, amor. Luego te llamo de
nuevo”.
Era raro. Se precipitó hacia el teléfono
pero no tenía ni mensajes, ni llamadas perdidas. Abrió el correo, pero tampoco
había rastro de Ian. Empezó a ponerse nerviosa e intentó tranquilizarse. Ya la
llamaría. Probablemente se le había hecho tarde.
Se dirigió a la cocina, preparó un café y
una tostada con mermelada. Se sentó en el office sin sacar la vista del
teléfono. Una vez que terminó recogió todo y se duchó. Sabía que el agua
refrescaría su cuerpo y despejaría sus dudas y miedos.
Se terminó de arreglar y cogió las llaves
del coche para ir al trabajo, no sin antes volver a mirar la pantalla de su
móvil. Nada. Puso la música de la radio a todo volumen y comenzó a entonar una
melodía tras otra. Cuando iba a incorporarse a la autopista vio que había una
cola interminable por lo que optó por un camino transversal. Se oían sirenas de
ambulancias y de bomberos. Intentó mirar por el espejo retrovisor pero lo que hubiese ocurrido quedaba en el carril de sentido contrario. Nunca
había entendido por qué la gente disminuía la velocidad para mirar los
accidentes. Realmente no sucedía nada el la dirección en la que ella iba, pero
aún así la cola era enorme.
Buscó una sintonía de noticias. No era
morbosa pero tanto revuelo la alertó. Encontró una emisora local que recomendaba
no coger la autopista debido a un incidente mortal en el kilómetro 11 con
destino sur. Se encontraban describiendo el vehículo cuando un dolor agudo le
recorrió el pecho y casi se quedó sin respiración. “Di la matrícula, di la
matrícula…por favor” El presentador continuaba especificando los posibles
hechos. La víctima era una varón de unos 35 años y se encontraban esperando que
llegase el juez para el levantamiento del cadáver. En su cabeza volvió a
resonar la misma súplica: “la matrícula del vehículo, por favor!. Pero seguían comentando
el suceso sin dar informaciones puntuales.
Con la cara anegada en lágrimas, alargó
la mano al sillón de al lado donde se encontraba su bolso. Rebuscó entre los
objetos hasta que palpó su teléfono y lo sacó. Marcó el número de Ian y aunque
daba señal no lo cogió. Quizás se había equivocado al marcar. Lo intentaría de nuevo. Bajó la
mirada y en ese preciso instante el coche de delante paró bruscamente. No le
dio tiempo de frenar, giró el volante para no impactar con el vehículo y perdió
el control. El coche comenzó a dar vueltas de campana. Solo sentía que su
cuerpo flotaba hasta que recibió el duro impacto final.
–Nena… cariño …¿eres tú?... nena …¿pasa algo? Contesta por favor…
Pese a la gravedad de sus heridas oyó la voz de Ian. Él estaba bien. El
dolor era tan agudo que no podía contestar. Empezó a sentir mucho frío y a
sentirse húmeda. Miró de soslayo por la ventana y se dio cuenta de que se encontraba
en el lago y comenzaba a hundirse. No podía moverse, así que intentó sacar las
pocas fuerzas que le quedaban para contestar a Ian.
– Mi vida…te … amo…, no lo…olvides– y cerró los ojos, no sin antes oír
su voz.
–Y yo mi amor, más que a nada en este mundo. Nos vemos luego en casa. Sigo
trabajando que estoy liado– Se oyó el clic del móvil y la oscuridad lo ocupó
todo.
HOY, COMO CADA DÍA, LUCE EL SOL EN MI INTERIOR Y UNA SONRISA EN MI CARA


No hay comentarios:
Publicar un comentario