Tú sabes que yo llevo alondras
en el pecho y jilgueros en los labios,
en las manos barcazas con mis lágrimas
y en los sueños, mojados de esperanzas,
el hambre estremecida de tu sangre
y el peso, prisionero, de los años.
Tú sabes, cómo es la soledad que nos responde
el fiero acontecer y el abandono.
Sólo tú, acaso yo, huidiza siempre,
desnuda y sin tu nombre,
he sido aire, tal vez desenfocado,
penetrando en las sombras de mi alma.
Ha llovido esta noche y ya no estabas,
andabas lejos sin la voz de ayer
desnuda y sin mi nombre.


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