De pronto supe reconocer desde mi ventana
cómo darle rumbo a un recuerdo
cuando la magia invisible llegó desde el pasado
hasta agotar un decenio de perdones
o de sueños que tienen palabras sin pétalos.
Sé dónde está el abismo que separa
el ayer y el hoy, los años sin mediodía,
los paisajes sin engaños, los horizontes eternos.
Sé dónde y cuándo llegaron los pájaros al nido,
cuándo el río quedó sin luna y llegó la hora
de la soledad suprema, y sé también mirarme
entre las sombras nocturnas del espejo
y cantar la llegada y el susurrar de la vida.
Hoy estoy a prueba de vaivenes,
con la mirada arracimada en mi frente,
lejana en la distancia,
cuando el alma serena y sin recelos
me descubre.
HOY, COMO CADA DÍA, LUCE EL SOL EN MI INTERIOR Y UNA SONRISA EN MI CARA


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