sábado, 31 de marzo de 2012

UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD


Era sencillo, solo había que encender el ordenador y acceder al Word. Página en blanco y la inspiración debía llegar de un momento a otro. Entonces ¿por qué no ocurre nada? Se remueve en su silla giratoria de un lado al otro, balancea su minúsculo cuerpo mientras lee la convocatoria: II Premio de Relatos Cátedra Carmen Posadas “El folio en blanco”. Se agita, y una vez más, tal y como ocurría cuando era una adolescente soñadora, mira fijamente la hoja que tiene delante entre oleadas de nostalgia. “Sí, está en blanco, tranquila, pronto volverás a ser tú, confía, relájate, respira profundo”.
Suena el teléfono y la saca de su ensimismamiento. Se levanta, como si de un títere se tratase y estuviese dirigida por unos lazos invisibles, y se dirige a su habitación. “Me encantaría poder renovarla”, piensa mientras descuelga el auricular. “Quizás con tonos blancos y azules, muy mediterráneo, algo que me haga olvidar quien la ocupó, que lo destierre para siempre. Necesito que vuelva a salir el sol.”
–Sí mamá, lo sé, quizás mañana –contesta Marta. –No, no, no tengo prisa puedes continuar. –Y sigue escuchando un incesante “bla bla bla” que no tiene ni pies ni cabeza.
–Sé breve– susurra pensando no ser oída. –No obtiene respuesta y solo escucha el chasquido al otro lado mientras se le acelera el corazón.
¿Qué le ocurre? Es una mujer de casi cincuenta años. Su único objetivo en la vida ha sido siempre ser feliz y ahora por primera vez ,después de cinco duros años, lo es. Está enamorada de nuevo. Se dirige a la cocina y decide preparar la cafetera. La cafeína la reanimará y despejará sus ideas.  Vuelve a su habitación y marca el número de su madre pero nadie contesta al otro lado.
–Por favor, cógelo. No me hagas esto–grita mientras le da a la tecla de remarcación. Y de repente lo descuelgan.
–No quiero ser una carga hija. Haz lo que tengas que hacer y ya hablaremos más tarde– dice su madre entre sollozos.
–Perdona mamá, estaba liada. Lamento haberte ofendido. Hace tiempo que no comemos juntas. ¿Te parece bien que mañana me acerque a tu casa y me invitas? – pregunta con voz recelosa.
–Sé que no te gusta que te pregunte por tu vida cielo, pero necesito saber si estás bien, antes me dio la impresión de que estabas a miles de kilómetros de distancia. ¿Le ha ocurrido algo a la niña? ¿Te has enfadado con tu novio? –Las preguntas se sucedían una tras otra.
–Quiero verte, eso es todo. Mi vida está en orden, me las apaño bien sola.
–Solo quiero que seas feliz con la persona adecuada– interrumpe su madre.
–Lo soy mamá, hasta mañana. –Y cuelga el teléfono con una extraña emoción en sus ojos.
Permaneció temblando unos minutos con la mirada extraviada sin saber si dirigirse de nuevo al ordenador. Era duro volverse a enfrentar con lo que pudo haber sido y nunca fue: una escritora.
Fue decisión propia abandonarlo todo por su familia. Un marido y una niña que la necesitaban constantemente. Ahora, separada y con su hija mayor y casi independiente, tenía una nueva vida por delante. Había conocido al hombre perfecto, cariñoso, culto, leal y especialmente guapo. ¡Vaya que si era guapo! Las jovencitas le enviaban miradas furtivas de insana envidia femenina, pero se querían y eso nadie iba a arrebatárselo de nuevo.
Tenía esa segunda oportunidad que ofrece a veces la vida. Ahora solo quedaba reconstruirse, ser lo que siempre había soñado. Al que no juega no le puede tocar y ella iba a ganarle todas las partidas al destino. De pronto todo giró a su alrededor, y oyó un ruido fuerte antes de que se apagara la luz.

–Pobre mujer, lleva así dos largos años– dijo el enfermero a la nueva internista.
–¿Qué le ocurrió? Sus heridas han sanado pero parece perdida, no responde a ningún estímulo, salvo ayer cuando entré con el portátil en la habitación. Se puso tan nerviosa que hubo que atarla y darle un tranquilizante. –Confesó la joven rubia que solo llevaba veinticuatro horas en el hospital psiquiátrico.
–¿No te lo han contado? Según la reconstrucción de los hechos de la policía y los restos de su disco duro, parece ser que era escritora y se encontraba preparando un relato para un concurso. Se puso a hablar por el teléfono con una cafetera al fuego. Se olvidó de apagarla y hubo una explosión de gas. Su pareja y su hija entraban justo en ese instante por la puerta trasera que llevaba al office, justo al lado de la cocina. Murieron al instante. No se pudo hacer nada por ellos. A ella la encontraron en la planta alta, en un pequeño despacho. Pensaron que estaba muerta pero ya ves tú, la vida le dio una segunda oportunidad.

HOY, COMO CADA DÍA, LUCE EL SOL EN MI INTERIOR Y UNA SONRISA EN MI CARA








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