sábado, 27 de octubre de 2012

PARA SIEMPRE


Segura de que todo iba a salir bien, se despertó a las siete en punto. En esta ocasión, no necesitó que su madre la zarandeara. Había llegado el día . Unas horas más y probablemente sería elegida como la mejor de la pasarela.
Sus amigas la habían acompañado la semana anterior a comprarse el vestido para el coctel que se celebraría una vez terminado el desfile, pero ella, sin que lo supieran, lo había devuelto y había optado por un traje inspirado en los años cincuenta: talle ajustado, que afinaba su silueta y falda amplia de vuelo que enmarcaba el movimiento de sus caderas. Quería estar sorprendente.
Se sabía guapa, incluso sexy pero eso no evitaba que hubiese instantes en los que cambiaría muchísimas cosas de su aspecto. Le preocupaba su pecho, bastante más grande de lo que a ella le hubiese gustado y sin embargo, perfecto para su novio.
Su novio… cada vez que lo recordaba le entraba un cosquilleo que le recorría la espalda. Sabía cómo y dónde tocarla. Solo tenía un defecto. Nunca estaba cuando lo necesitaba.
Le había comentado que hoy era su gran día y él, como siempre, se había despistado. Tenía que salir para Nueva York esa misma tarde. Era reportero de una revista fotográfica. Así era como se habían conocido. Ella posaba en ropa interior para una prestigiosa firma femenina y él era el técnico de iluminación de una conocida empresa de fotografía.
Después de desayunar abundantemente, siempre le entraba apetito cuando estaba nerviosa, se arregló y se dirigió al salón de belleza. Allí la esperaba Norma. Ya habían concretado el maquillaje y el peinado. Esta vez optaría por la melena suelta y con ondas bien marcadas.
Según entró en su coche, un cosquilleo le atravesó la espina dorsal. Fue algo leve, que le hizo girar la cabeza. Un hombre apoyado en la esquina la desnudaba con la mirada. Continuó sin prestarle más atención pero con una rara sensación.
Cuando salió de la peluquería se lo volvió a encontrar. Ahora, apoyado sobre el capó del coche que se encontraba justo al lado del suyo. Intercambiaron fugaces miradas y le pareció ver una sonrisa en sus labios. Debía estar alucinando con tanta película que veía. Su novio era un cinéfilo empedernido y ella, que tampoco se quedaba atrás, lo acompañaba a todas las películas de estreno.
Continuó su camino y se dirigió a un restaurante de comida rápida que se encontraba en la carretera de vuelta a su casa, en el que solía almorzar casi a diario. Esta vez si se asustó, justo sentado en la mesa que ella solía ocupar, se encontraba el hombre que la había perseguido durante todo el día. No pudo evitar que un leve grito escapara de su garganta. Él levantó la cabeza y le indicó que se sentara a su lado.
Asustada intentó girar sobre sus talones, tropezando con el camarero que traía dos cafés a la mesa del desconocido. De pronto, se dio cuenta de que estaba atrapada entre los dos hombres. El camarero la iba empujando hacia la mesa cortándole la salida. Se sentó en frente del individuo. Aún no le había visto bien el rostro. Lo llevaba tapado por el ala de su sombrero. Se podía percibir la respiración agitada de ambos. Un silencio perturbador se hizo en el local. De repente se apagaron las luces y una mano le sujetó la muñeca. Un grito desgarrador salió de su garganta y entonces fue cuando empezó a escuchar su melodía: “Somethin’ stupid” de Robbie Williams y se hizo de nuevo la luz. Allí estaban sus amigas, su familia, sus compañeros de trabajo y su novio sentado en frente y ahora sin sombrero. Era él, el hombre que la había perseguido y tenía en sus manos una cajita
– ¿Quieres casarte conmigo? – dijo entregándole una sortija.
En ese mismo instante supo que él era su destino.

HOY, COMO CADA DÍA, LUCE EL SOL EN MI INTERIOR Y UNA SONRISA EN MI CARA







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