Cuando crees que ya has tocado fondo, llega ese alguien que está ahí para ti. Entonces llenas de lágrimas y rímel la almohada a la que te has aferrado, pones cara de tonta y se ilumina una sonrisa en tu rostro.
– ¿Me lo merezco?
– ¿El qué?
– El que nos queramos tanto
– dices con voz entrecortada e insegura.
–Ven, tonta. Eres la única– contestas mirándome a los ojos.
Nos reímos, nos acariciamos sin rozarnos, bajo la cabeza y finalmente me atraes hacia ti atrapándome en un abrazo.
Mientras... descanso en unos de tus hombros, desconecto mis pensamientos y me dejo llevar...


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