jueves, 5 de abril de 2012

TE LLEVASTE MI ÚLTIMO CAPÍTULO



Sentada en la estación ,con la mochila a la espalda, apenas aparentaba tener más de veinte años. Sus hombros caídos denotaban la tristeza de aquella última página sin escribir. “Te llevaste mi último capítulo” repetía su incesante corazón a cada pálpito, a cada latido de aquel camino sin salida.
Con los ojos fijos en el anden rememoraba sus manos sobre su piel caliente, sus labios húmedos recorriendo cada uno de sus escondrijos hasta saciarla, aquellos ojos repletos de pasión libidinosa que la adoraban con lujuria en el frenético vaivén de subidas y bajadas. Solos; él y ella como cometas del cielo de aquella habitación de hotel, buscando caricias entre ropas y aliento.
–Quizás nunca supe quererte–dice cabizbajo.
–¿Pero lo haces ahora? –pregunta melancólica.
–Quería que me quisieras. Tenías las llaves de mi corazón y me condenaste.
–Tu pusiste sentencia a mi adicción.
–¿No te quedan momentos? –Añade ansioso.
–Sí, todos y ninguno. –Logra decir mientras comienza a brotar una  primera lágrima.
–Estás hecha para mi y yo para ti.¡ No me abandones! –Suplica mientras lentamente roza sus mejillas con el pulgar.
–Pudimos tenerlo todo. ¿Sabes lo que eso significa? Sonrisas guardadas, besos al alba, madrugadas de deseo… –Solloza con amargura.
–Si tú no estás, mi vida no tiene sentido. ¡Estoy herido!¡ Me estás clavando este final! –grita mientras espera la reacción que no llega.
–No me encuentro. ¿Lo entiendes? No puedo saberte al lado y no sentirte, llamarte y no creerte. No puedo borrar tu cuerpo sobre el de ella, vuestros gemidos acompasados, el susurro de su nombre…
–¡No me dejes solo, por favor!. Comparte mis días, quédate con mis noches, amanece en mi, perdóname. –Suplica mirándola tiernamente.
–Quería tu sonrisa solo para mi y ahora sin ti, no puedo ser. Siento irme así, con un hasta nuncadice mientras gira para recoger su bolso.
No tuvo tiempo de mirar atrás. Sola, sin su mañana, sin su luna, sin su sol, bajó corriendo por las escaleras y se dirigió a la estación de tren. Sentía como se iba rompiendo a pedazos.
Ahora, sentada en el anden, sabía que quería escapar de aquel eterno anochecer. Nada era suyo y pese a todo, añoraba estar a su lado bajo las sábanas, recorrer su cuerpo, sus piernas entre las suyas, su risa de niño bueno. ¡Mierda!
Un mensaje la trae de regreso a la estación: “espérame que esta noche te bajo la luna”. Sonríe y un soplo de aire fresco golpea su cara. Se acerca el tren. Sabe que su corazón es mas suyo que de ella. Hoy es uno de esos días para no decir nada y dejar que la abracen pero jamás volvería a querer a nadie. Su corazón ya había pagado su impuesto. Coge el móvil y escribe: “te echaré de menos”. Tendría que inventarse otro idioma, otra palabra, algún grito, decir te amo no basta.
El teléfono cae al suelo. Un joven, que pasaba con mucha prisa, le da una patada.” ¡No, ahora no!” Se lanza a recogerlo y es empujada hacia los raíles. No puede controlar el desplome y ¡zas!...Allí estaba, tumbada mirando el cielo de sus ojos.


HOY, COMO CADA DÍA, LUCE EL SOL EN MI INTERIOR Y UNA SONRISA EN MI CARA



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