Había llegado el
momento. No se conocían personalmente pero aún así se sentían cercanos.
No era la primera
vez que sus amigos le presentaban a alguien y aunque le daba vergüenza
reconocerlo, era un buen sistema cuando te encontrabas sola. Habían chateado
todos los días por la noche durante un mes, compartiendo los quehaceres
habituales, sus pequeños problemas y una larga lista de sueños.
Casi sin darse
cuenta eran indispensables el uno para el otro. Él la despertaba cada mañana
desde el trabajo. A veces con unas palabras de aliento, otras con unas frases
cariñosas y alguna que otra vez con una canción que explicaba todo lo que el
corazón sentía y no se atrevía a decir. Ella lo llamaba por las tardes y, entre
risas , empezaba a asomar un atisbo de esperanza mutua.
Hacía días que se
sentía realmente feliz y no necesitaba fingirlo. Intentaba olvidar, sin
remedio, porque seguía soñando a cada instante con aquellos ojos azules. Había
guardado su presencia para que no volviese, sus besos escurridizos, su desnudez
ante sus labios… Tenía un te echo de menos atragantado en su orgullo pero pese
a todo, percibía aquel nuevo amanecer. Él le permitía sonreír, la escuchaba, la
valoraba, la hacía sentir mujer y ella había decidido darle una oportunidad a
su vida.
Era una preciosa
tarde de verano. Desde el día anterior había decidido como ir vestida. De
manera informal pero arreglada. Ni mucho, ni poco. Esa siempre fue su teoría
para cada ocasión.
No estaba nerviosa
pero si intrigada. ¿Se decepcionarían? Estaba confusa, solo quería un amigo.
Sabía dónde tenía que poner los límites. Seguía enamorada de aquellos ojos
azules que le causaban tanto dolor. Cuando se vino a dar cuenta de lo que
sentía por ellos, llegó tarde. Era consciente de sus reticencias, de su dolor,
de sus quiero pero no puedo, de sus coqueteos con otras… Estaba herida de nuevo
y esta vez sabía que había perdido la partida. Una retirada a tiempo quizás se
considerase cobardía pero aquella historia no tenía presente y menos futuro,
quedaría anclada en el pasado, sin más… sin que nunca llegase a saber lo que le
amaba.
Era la hora. Ya
preparada solo tenía que ir a su encuentro, hablarían, intercambiarían sonrisas
y regresaría a casa. Ese era el plan. Subió al coche y después de una hora de
trayecto, aparcó cerca de la playa. La tarde soleada y con una temperatura
agradable era ideal y allí estaba él, apoyado en un banco, mirándola indolente
y asombrado. Un cosquilleo recorrió toda su médula y el simple roce de sus
labios en la mejilla, la aturdió. Ahora si estaba nerviosa, había una química
especial que había negado hasta ese momento.
Intercambiaron un
par de frases entrecortadas por los latidos de sus corazones y pasearon hasta
que el último rayo de sol desapareció en el horizonte. El le mostró la puesta
de sol mientras la sujetaba por la cintura y acariciaba su brazo. No podía
respirar. La embriaga una sensación cálida que hacía mucho que no sentía. Solo
tuvo que girar para encontrarse con sus labios.
–Quiero entregar tu sonrisa a la luna– Declaró
mirándola a los ojos.
–Pero tú sabes que…– No logró terminar porque su mirada
se anegó de lágrimas.
–¡Lo sé, honey! Pero ahí estaré siempre, junto a ti–
contestó cariñosamente.
Ella cerró los ojos y se dejó arrastrar por la marea de
sensaciones. Arena y sal fueron testigos del sudor de sus cuerpos, de las
caricias compartidas y de los susurros de amor.
–Nunca te he mentido. Lo sabes ¿verdad? –dice ella.
–Déjame que forme parte de ti–contesta él.
–No puedo, sigo enamorada de él–Sentencia– Tengo que irme.
Sabía que algo había cambiado en aquel encuentro pero no
quería hacerle daño. No tenía fuerzas para seguir luchando. Necesitaba
alejarse, estar sola, llorar hasta saciar la pena que la embargaba.
–Recuérdame amándote, mirándote a los ojos, acariciando
tu cuerpo, bebiendo de tus labios, haciéndote mía en cada amanecer– Concluyó él
mientras intentaba dejar grabada en su retina aquella imagen de ella entre sus
brazos, entregada.
Lo miró y supo que
jamás podría olvidarlo.
HOY, COMO CADA DÍA, LUCE EL SOL EN MI INTERIOR Y UNA SONRISA EN MI CARA.
HOY, COMO CADA DÍA, LUCE EL SOL EN MI INTERIOR Y UNA SONRISA EN MI CARA.


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