Hoy me he levantado relajada y sonriente. Tic-tac, tic-tac…. Suspiro y brota un leve susurro. Una vuelta, dos… y los sueños giran conmigo.
Un nuevo día amanece y justo en ese instante algo se rompe. Quiero que regrese el anochecer y me bato en duelo con las primeras luces del alba. Alargo mi mano y me sorprende el frío que hay a mi lado. Tic-tac, tic-tac, una vuelta, dos y de nuevo a empezar.
Ya están los pies en el suelo- ¿Y las zapatillas?-. Olvidé que siempre olvido todo. Da igual, no me hacen falta. Me acerco al espejo, me miro y sonrío. Coloco mi pelo. Esta melena está como su dueña, sin rumbo, alocada, no tiene un cabello en su sitio, libre, suave, llena de vida y … aterrizo de nuevo de golpe. Realidad, dicen que se llama. Yo pienso que más bien es locura. Da igual, no quiero cuerdos a mi lado. Ya los tuve y no los añoro.
Suelo ser muy ingenua, incluso a veces pecar de idiota. Puedo equivocarme conscientemente y duele saber que no servirá de nada. No quiero enfrentarme a mis palabras. Significará vaciarme de nuevo para volver a rellenar. No sé si tendrá sentido.
Nunca había colocado comas cuando mi corazón decía punto y final y ahora me cuesta aceptar que he aprendido a utilizar punto y coma. Siempre creí que era mejor retirarse y dejar un bonito recuerdo. No se pierde lo que no tuviste, no se mantiene lo que no es tuyo y no puedes aferrarte a algo que no se quiere quedar.
-¿Y ahora qué?- .-¿Me lo preguntas?-. Qué fácil sería girar las agujas de la vida en sentido contrario, pero aún pudiendo… no cambiaría nada. Todo tuvo su tiempo, su justa medida. Todo fue necesario, un proceso, un percatarse de quién eres, de lo que quisiste y no fue, de lo que quieres y no es, de lo que querrás y tal vez será.
Así que seré yo y no el destino, quien cuelgue cuadros con otras fotografías porque la vida siempre me ha compensado con un nuevo “hola” cada vez que he dicho “adiós”. Y de una valiente nadie puede esperar menos.


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